Parpalinas

Parpalinas fue una importante villa romana altoimperial, fundada a comienzos del siglo II. Está situada a pie de monte, junto al camino que actualmente va de Los Molinos y Pipaona a Corera y rodeada de ricas tierras de cultivo que se extendían hasta las proximidades del Ebro y de la calzada romana que unía Calagurris (Calahorra) y Vareia (Logroño). Las excavaciones arqueológicas realizadas entre 2005 y 2015 sacaron a la luz tanto la zona de la domus como un espacio religioso en el que se han identificado dos templos superpuestos. El primero es una pequeña iglesia con cabecera rectangular, la primera de la que se tiene constancia en el valle de Ocón. Desmontada casi por completo a finales del siglo VI o principios del VII, se levantó una nueva iglesia de mayor tamaño, con ábside de herradura, mausoleo familiar, una posible piscina bautismal y un pequeño hórreo. La tradición cuenta que san Millán de la Cogolla visitó Parpalinas a mediados del siglo VI. Su propietario, el senator Honorio, convencido de que en su casa vivía un demonio, habría enviado emisarios para pedirle ayuda. San Millán habría acudido, rezado en la iglesia y realizado un exorcismo para expulsarlo. Esta es, precisamente, una de las escenas que aparecen representadas en los famosos marfiles de la arqueta relicario del santo. También está recogida en su hagiografía, la Vita Sancti Emiliani, escrita por Braulio de Zaragoza. Tras su desaparición como villa en el siglo VIII, Parpalinas siguió teniendo uso religioso y funerario, como atestiguan numerosos enterramientos medievales. La segunda iglesia pudo desaparecer hacia el siglo X, pero sobre los cimientos del ábside se levantó un pequeño edificio en la segunda mitad del siglo XIII. Este lugar es, pues, un punto clave para entender la evolución del poblamiento y de la fe en el valle de Ocón.